
Verano aciago para la causa de los cruzados. No solo han sido expulsados de la plaza estratégica de Kabul (el Jerusalén del siglo veintiuno) sino que el emir de Qatar ha infligido un duro revés al orgullo de don Florentino Pérez, un eximio representante del juego limpio, que no ha podido rescatar de las garras del moro al esclavo de oro, el adorable Kylian Mbappé, para traerlo al realmadrid, donde le esperábamos con los brazos abiertos y donde hubiera podido conocer al rey de España. Mbappé, veintidós años, es uno de esos jóvenes de alto coeficiente intelectual alojado en los pies y de los que el fútbol español está siendo desangrado por sus adversarios tradicionales, moros bajo bandera francesa. El emir Hamad bin Jalifa Al Thani ha debido disfrutar de lo lindo en este zoco medieval negando con la cabeza a cada nueva oferta del sudoroso don Florentino, uno de los dueños de España, que llegó a ofrecer ciento ochenta millones de euros por la presa, el salario de un trabajador español durante diez mil años.
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El islam derrota, también, a Florentino — MANUEL BEAR