Pícaros — MANUEL BEAR

Pícaros

Una vieja decrépita en silla de ruedas clama que ha sido expulsada de su vivienda por una joven marroquí que la ha ocupado. La indignación social se arremolina en telediarios, diarios digitales y redes sociales. Un joven gay denuncia que ocho encapuchados le han asaltado y grabado en la nalga con una navaja la palabra maricón. El géiser de la ira popular lanza una vaharada de vapor hirviente. En ambos casos, casi simultáneos en el tiempo, los hechos denunciados son falsos. La okupa marroquí estaba realquilada y la vieja no vivía en el piso, y las vejaciones sufridas por el joven fueron consentidas. Bulos, mentiras o fakes, como los llamamos ahora estúpidamente, son los detritos de la comunicación social y han existido siempre, tanto más contumaces y eficientes en periodos de incertidumbre y cambio como los que estamos viviendo. Los creadores de trolas parasitan este clima de ansiedad colectiva a fin de sacar algún provecho de él. En el caso de la vieja falsamente desahuciada, trataba de enmascarar una ilegalidad de la que era responsable ella y su familia; el joven falsamente agredido necesitaba quizá darle un chute a su narcisismo.

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Pícaros — MANUEL BEAR