El viejo abandona su cubil donde ha pasado el confinamiento y su secuela de pejigueras pandémicas, que le han tenido varado un par de años en tierra firme, para darse un bañito en el lejano mar. Atrás queda el horizonte del patio de vecindad que le ofrece la ventana de su celda cuando pedalea en…
El viejo y el mar — MANUEL BEAR