
Me acabo de enterar de que ha cerrado el café Roch, de la calle de las Comedias, de Pamplona. Fue una café-café de poetas, pintores y bohemios jatorras, andarines irredentos, taurinos o no, o de alcurnia probada y documentada, que se fue llevando el diablo, como Josemari Baroga, que acabó ganando la flor natural de los Juegos Florales de Sangüesa con un poema dedicado a la batalla de Roncesvalles (El pasaje de la luna y Zubillaga jodiendo la marrana), pero eso fue antes de decir que estaba más jodido que la K de la linotipia de Egin. Baroga pergeñaba sus artículos medio apoyado en la alta barra del café con un güisqui DyC interminable al alcance de la mano que acababa llenando de babas, después de salir de las timbas que se organizaban enfrente, en el Bearin, por aquellas escalerillas para matar borrachos. Antonio Sanz, librero de El…
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