Fue el desabrido periodista Arcadi Espada el que, con sus modales destemplados y sus pronunciamientos puritanos —siempre más pendiente del deber ser que del ser del mundo, y por tanto, siempre muy enfadado—, llamó la atención muchos años atrás sobre lo determinante que es el encuadre de una fotografía para construir un discurso, tanto por lo que elige mostrar como por lo escoge dejar fuera de campo. Nada muy distinto, en el fondo, de lo que cualquier estudiante de cine sabe desde hace décadas: a menudo hay una decisión moral detrás de las elipsis narrativas y de los fuera de campo de los encuadres.
El culposo fuera de campo
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Si fuéramos sinceros con nosotros mismos, tendríamos que corregir el célebre adagio de Publio Terencio Afro: “Humani nihil a me alienum puto”, y añadirle una coda realista, sin caer en el cinismo: “Nada de lo humano me es ajeno…, pero a ver”.