«Abrí como quien no quiere la cosa el maletín, dejé que sus ojos se empaparan de la visión del dinero que contenía y lo volví a cerrar. Cuando me miró a la cara no sólo había mudado de expresión, sino que le había aumentado visiblemente el perímetro torácico.
-Tengan la bondad de seguirme –balbuceó.
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Eduardo Mendoza y el dinero — Anécdotas de Cine, Música y Arte