Hoy escribo sin muchas ganas el último artículo dominical de mi sección Y tiro porque me toca. La empecé en mayo del año 2002, es decir hace más de veinte años, lo que representa más de 1000 artículos, de actualidad, es decir, hojarasca a la vuelta de unos días. Recuerdo que los artículo empezaron a pasarme factura enseguida. El tono airado, bronco, que admito, lo ponía no yo, o no del todo, sino la actualidad. Recuerdo a un señor duque (y grande de España) diciéndome en tono algo más que admonitorio que con mis artículos dominicales estaba «haciendo mucho daño»; a quién no lo dijo. Recuerdo los malos modos del velatorio de su hermano Ablitas que había sido amigo mío –el inefable Ruiz de Alda se acordará de esa y otras canalladas de las que fue testigo a lo british–, recuerdo la agresión sufrida con daños, de la que se ríe Iñaki Uriarte en sus falsos diarios, cuando AGP, marqués del Cuarterón, se me echó encima al grito de «¡Puto rojo, puto separatista te voy a matar a hostias!», no lo hizo él, sino su matón, y tampoco me mató, solo me dañó la clavícula (contra un puñado de testigos falsos es muy difícil defenderse). De modo que tuve ocasión de disfrutar de una bonita sucesión de situaciones desagradables. Así hasta que todo un director de museo nacional tuvo los cascabeles de sostener ante quien le quisiera oír, en una cena de gala del diario ABC eso sí, que yo defendía «las tesis de ETA».