Las antropólogas feministas han realizado un gran trabajo cuestionando el androcentrismo de demasiadas etnografías. Pero no podemos permitir volver a escuchar que la maternidad nos convierte en sujetos pasivos: una experiencia vivida por muchísimas mujeres ha quedado desvirtuada por los antropólogos y silenciada por muchas antropólogas feministas.
Margaret Mead.
“Los rasgos de la personalidad, que llamamos masculinos o femeninos, se hallan tan débilmente unidos al sexo como lo está la vestimenta, las maneras y la forma de peinado que se asigna a cada sexo según la sociedad y la época”, decía Margaret Mead en 1935. Cuando Simone de Beauvoir en 1949 nos dijo que no se nace mujer, sino que se llega a serlo, autoras como Mead ya lo habían demostrado a través de su trabajo de campo en esos pueblos que entonces apellidaban “primitivos” (en una absurda búsqueda de los orígenes de la humanidad -occidental- en culturas coetáneas).