
Los vecinos de la ciudad de los sanfermines tienen a Ernest Hemingway como santo patrón: sacan la efigie en procesión con cualquier pretexto y la cubren de improperios si no llueve a gusto de todos.
Días atrás, un tribunal de honor ciudadano juzgó en esta remota villa subpirenica al escritor Ernest Hemingway por su responsabilidad en el tsunami turístico que anega la ciudad durante las fiestas locales, conocidas en el mundo entero, ay, como los sanfermines. Este año se cumple el centenario de la primera visita del escritor a la ciudad y de la primera crónica sobre sus fiestas publicada en el Star Weekly de Toronto, pero hay delitos que por su gravedad no prescriben nunca.
La charada fue organizada por una peña local pero no se crea que quienes participaron en ella eran gente iletrada y meramente aficionada al pacharán, nada de eso.
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Juicio histórico en la aldea global