Su trascendencia será ahora mucho menor, en términos de audiencias multitudinarias, que en aquellos tiempos locos de las eclosiones fraternales (y las trifulcas fratricidas), pero puede que Noel Gallagher nunca haya demostrado su excelencia compositiva de una manera tan palmaria como ahora, a sus flamantes, serenos y pletóricos 56 años. Ya sabíamos que estos High Flying Birds eran la consabida banda de madurez, exenta de urgencias y renuente al asalto de las listas de éxitos a cualquier precio, pero ese reequilibrio en las prioridades se traduce en una entrega soberbia en la que sucede de todo, y casi todo muy bueno.