Estos días de constitución de los órganos rectores en municipios y regiones asistimos a la ocupación de la poltrona por mujeres inspiradas por un antifeminismo feroz y militante. La presidenta de las cortes valencianas y la del parlamento aragonés son sendos ejemplos significativos. El hecho de que presidan las asambleas legislativas es resultado circunstancial del braceo negociador en el seno de la derecha pero también un símbolo político de victoria. Quien preside un parlamento ostenta la representación de lo que podríamos llamar el talante promedio de la sociedad y, si bien debe estar dotado de cierta ecuanimidad respecto a las voces presentes en la cámara, también es cierto que marca los límites del consenso y, en estos casos, los límites se han estrechado notablemente.