A Javier Ojeda le asociamos de inmediato con la voz cantante de los malagueños Danza Invisible y circunscribimos la parte más mollar de su actividad en sus frenéticos y provechosos años ochenta; al principio como una banda de culto, muy influida por el post punk y el rock oscuro británico de The Cure o Joy Division; luego como un émulo indisimulado de David Byrne, del que adquirió incluso el gusto por los movimientos espasmódicos encima de las tablas; y finalmente, a partir del exitosísimo A tu alcance (1988), como un propulsor indisimulado de los ritmos latinos, que consiguió llevar en no pocas ocasiones, y ahí quedan en el recuerdo Reina del Caribe y la ubicua Sabor de amor, a la estratosfera de las listas de éxitos. Pero el currículo del malagueño excede en mucho aquellos años y se prolonga hasta el momento presente sin casi interrupciones, y este atípico álbum en directo sirve casi como ejercicio de autoafirmación y tarjeta de visita para avalar una visión del oficio radicalmente ecléctica y vitalista.