Un mal lugar para morir y ser recordado

Ver a la derecha del país entregada a la infamia es un espectáculo horripilante.

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No todas las víctimas de la violencia de sus vecinos tienen el mismo peso en la conciencia de la sociedad; el recuerdo de las más queda constreñido al ámbito familiar, privado, pero unas pocas, ya sea por su relevancia en vida o por las circunstancias en que fueron asesinadas, consiguen sacudir a la sociedad, movilizar voluntades y, en último extremo, cambiar la historia. No hay duda de que dos de estas víctimas, alevosamente asesinadas por pistoleros de eta, fueron Gregorio Ordóñez y Miguel Ángel Blanco. Nadie discute su sacrificio ni la condena a sus ejecutores pero he aquí que ambos han sido reclutados para una bronca doméstica en la tribu que se ha apropiado de su memoria. La greña ha sido provocada por una siniestra rima tabernaria -¡que te vote Txapote!- adoptada por la coalición reaccionaria como lema de campaña electoral con la bendición de su moderado líder don Feijóo. En esta tesitura, los afectos a Miguel Ángel Blanco no rechazan que la memoria de este sea utilizada para machacar al presidente del gobierno, y los de Ordóñez piden que la dejen en paz.
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Un mal lugar para morir y ser recordado