Diríase que la condición insular de los canarios los hace expertos en guerra submarina y pueden colocar una mina de gran potencia en la quilla de acorazado surto en el puerto de La Moncloa (Madrid). En la tesitura de atacar Pearl Harbor, los canarios lo habrían hecho por abajo y no por arríba. No de otro modo puede interpretarse la propuesta de don Clavijo, líder de coalicioncanaria, para que presida la cámara baja del parlamento un diputado del peeneuve. Ambos partidos tienen en común su carácter regional y su ubicación a la derecha y, dada la circunstancia, son libres de pactar con cualquier ala del arco político que favorezca sus intereses privativos. Ambos, canarios y vascos, lo han hecho en el pasado y esta simbiosis de nacionalismos excluyentes da a veces curiosos compañeros de cama, como aquella ocasión en que don Del Burgo, diputado de esta remota provincia subpirenaica y tenaz adalid de su fuero, fue obligado por el almirantazgo de don Aznar a sumarse a los diputados canarios para que estos alcanzaran el quórum necesario para formar grupo parlamentario propio, y ahí estaba don Del Burgo, defendiendo a su tribu pirenaica, sentado en un escaño a dos mil y pico kilómetros y con un océano de por medio.