El ensanche de esta remota capital de provincia subpirenaica ha sido escenario este jueves de un milagro, tierno e imprevisible como los que se mostraban en algunas pelis del cine neorrealista de la remota posguerra, en el que ciertas demandas populares eran satisfechas contra todo pronóstico por un imprevisible giro de guion. El milagro ha consistido aquí y ahora en que la alcaldesa ha decidido suspender las obras de un aparcamiento subterráneo cuya excavación exigía la tala de unos cuantos árboles y la alteración urbanística de una de las zonas más amables de la ciudad.