La amnistía es una bendición

La amnistía es una bendición

La amnistía, cuya aparición en el horizonte está siendo recibida con una cacofonía estridente de consignas en contra, silencios a favor y muchas disquisiciones ni a favor ni en contra, será una bendición para todos, como esas lagunas precarias en las que abrevan todas las especies de la sabana cuando a la caída de la tarde cesa por un momento la dialéctica de cazadores y presas. España como estado es también un ecosistema en formación y necesita un espacio en el que todos sus habitantes se reconozcan el común derecho a habitarla según los usos y exigencias de su naturaleza.

A ninguna otra institución jurídica como a la amnistía le debe tanto la conllevancia histórica de este país en construcción, jalonado de reconquistas, pronunciamientos, asonadas, golpes de mano, revoluciones fallidas y vueltas a la tortilla con o sin cebolla desde la batalla de Covadonga y con mayor premiosidad desde el agitado siglo XIX, cuyo hálito aún resopla en nuestro cogote. La amnistía es el pegamento, siempre provisional, de las articulaciones de este esqueleto quebradizo que nos soporta malamente a todos los que llevamos en la cartera un deenei con la rojigualda.

La amnistía es una bendición