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El cine de Víctor Erice conserva cierta majestuosidad. La geometría de los encuadres, las luces y sombras que dibujan la escena, la ubicación del personaje en el plano y el tempo de las secuencias denotan ambición de inmortalidad, y su constante apelación a que el verdadero cine es el que se ve en pantalla grande, una reclamación que también es explícita en la película, remite a una querencia museística. Por lo demás, todo en Cerrar los ojos es manifiestamente mejorable y todo junto, insoportable: personajes estereotipados, diálogos acartonados, situaciones consabidas, interpretaciones teatrales, guion desnortado, ritmo cansino y viejos haciendo de viejos. No hay milagros en el cine desde Dreyer, dice uno de los personajes. Deberían haber tomado nota y obrar en consecuencia. No solo los jóvenes tienen prisa para comerse la vida, también los viejos la tenemos para que la vida no nos coma a nosotros. Víctor Erice nos hace perder un tiempo precioso.(…)
No es película para viejos – MANUEL BEAR