Un documental (This is not a movie, Yung Chang, 2020, disponible en plataforma digital) cuenta la trayectoria profesional del gran periodista Robert Fisk en Oriente Próximo. Vale la pena revisitarlo estos días por terapia mental. En una de las últimas secuencias, Fisk entrevista a un colono israelí de Cisjordania, que declara ser originario de Sudáfrica, donde tenía una buena vida [sic], y que emigró a Israel por razones ideológicas [sic], porque es sionista y los judíos nativos {sic} quieren volver a su tierra natal [sic] para expresar su identidad y nacionalidad [sic]. Desde su nueva casa, el colono muestra orgullosamente al periodista el paisaje de Judea y Samaria [sic]. ¿Y los palestinos?, pregunta Fisk, a lo que el sudafricano nativo de Israel responde: nunca ha habido un pueblo palestino, esta tierra nunca les ha pertenecido, nunca han tenido historia, ni moneda, ni estado, nunca han tenido derechos sobre este país. Y concluye sus alegaciones con una afirmación triunfal: los palestinos están pasados de moda, son muy siglo XX, los países árabes ya no están interesados en los palestinos.