El excelentísimo don Emilio García-Page compadrea con sus homólogos del pepé en el común empeño de serrar las patas de la poltrona a don Sánchez a cuenta de la famosa amnistía. Don Page es el socialista bueno que está buscando con un candil la coalición reaccionaria, y él se deja querer guiñándoles el ojo y haciendo morisquetas. Su autoridad procede de un título que heredó de su antecesor don José Bono: es el único capitoste regional del pesoe elevado por una mayoría absoluta en la comunidad más extensa y despoblada de España. En esta circunstancia se puede imaginar que su insistencia en cuestionar al gobierno de su partido ha de interpretarse en clave interna para mantener el liderazgo ante un electorado que tiene motivos de agravio ante las regiones más ricas, léase Cataluña. Si este es el verdadero propósito, curiosamente, la inquina por la afrenta no se dirige a Madrid, que es una auténtica aspiradora de recursos de las dos Castillas. Pero también podría ocurrir que don Page se esté postulando para sustituir a don Sánchez. Cuesta asimilar que un barón regional, que por definición juega en la liga inferior, aspire al podio de la premier ¿pero no lo intenta doña Ayuso con don Feijóo, otro al que el salto a la primera división le ha sentado como un tiro? Por ende, está el precedente del maestro don Bono, que intentó el asalto y fracasó por los pelos ante don Zapatero. Entonces también don Bono desplegó una estrategia combinada de zalemas e insidias hacia el nuevo líder.