Un juez, no el famoso de estos días sino otro, ha decidido empapelar a don Puigdemont por alta traición por un contubernio con ¡Rusia!, ¿quién iba a imaginarlo?
Más madera, es la guerra, la famosa consigna a grito pelado de Groucho Marx vuelve a la actualidad. Nada mejor que una guerra para ordenar las cosas cuando parece imposible que las cosas puedan arreglarse por los mecanismos propios de una situación pacífica. Las cosas son los intereses y querencias de unos y de otros que aparecen revueltos en estos tiempos de confusión planetaria. En España lo sabemos bien, tuvo que haber una guerra provocada por unos generalotes afectos al procedimiento para arreglar el sindiós de la república. Después, el país quedó pacificado y planchado, como el tren de los Hermanos Marx. El convoy llegó a la estación con los vagones en chasis, sin rastro de compartimentos y demás aderezos que hacen posible el viaje y la convivencia. Vuelve, pues, la guerra y los enemigos de España son, curiosamente, los mismos que en 1936: Rusia y Cataluña.