La hora de los soñadores – Manuel Bear

La política tiene un aura onírica que atrae a los poetas y gentes de letras, los cuales suelen desertar cuando el sueño embarranca en las marrullerías de la realidad. Eso ha hecho el cantante y poeta Lluis Lach, que abrazó la causa del prusés y ahora ha renunciado a su puesto en el llamado consell de la república catalana, cuya solemne presidencia ostenta don Puigdemont.

Antes de entrar en las vaporosas razones del poeta Llach para justificar su defección de la causa, deberíamos recordar que el catalanismo, como todos los sentimientos nacionalistas, tiene una vena mística. Los más viejos del lugar recordamos la figura enhiesta de mosén Lluis María Xirinacs, escolapio y seguidor de Gandhi, que realizó innumerables huelgas de hambre y plantones ante las cárceles de la dictadura franquista, en la que también estuvo preso, y a favor de los derechos de Cataluña, y militó más tarde en la izquierda nacionalista de la época (…)

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