La gran parada de los tractores, por Manuel Bear

¿Cuántas semanas llevan los agraviados agricultores dando la murga con sus tractores en las calles? Esta mañana han conseguido ahogar con sus bocinas a las campanas de San Miguel, lo que tiene su mérito. Dinosaurios en una jungla cretácica habitada por seres diminutos y pedestres a los que pueden aplastar bajo sus ruedas; artefactos monstruosos que amedrentan a urbanitas cargados con la bolsa de frutas y verduras que han comprado a doblón y a los que resulta difícil entender que pueda estar en peligro la economía de tipos que poseen semejantes vehículos y llevan días consumiendo a chorro gasoil subvencionado. ¿Quién se ocupa del campo mientras ellos están haciendo turismo protestatario en la ciudad?

Lo cierto es que, a medida que se prolonga la protesta de los tractores, más ininteligible se hace su causa. Ni siquiera sabemos cuáles son sus reivindicaciones ni cuál la autoridad con la que deben sentarse a negociar. Probablemente, ellos tampoco lo saben (de hecho, las organizaciones agrarias tradicionales no están al frente de las manifestaciones), así que, mientras encuentran un objetivo para la protesta, dan vueltas por la ciudad a la grupa del tractor. En la era de la queja, ellos la tienen más grande.

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La gran parada de los tractores – MANUEL BEAR