Los cruzados de la causa

Los jueces vuelven a la carga en su determinación de emplumar a don Puigdemont, esta vez por terrorismo de baja intensidad. Desde que occidente llamó terrorismo global a todo lo que afecta al statu quo y esta noción omnicomprensiva encontró acogida en el código penal, los artículos correspondientes se han convertido en un bufé en el que puede saciar su apetito punitivo cualquier juez bulímico. El terrorismo ha devenido melodía para virtuosos de la judicatura desde el adagio, que fue el tiempo que se tomó el juez García Castellón para incluir este delito en los cargos atribuibles al encausado, hasta el molto vivace, que atruena ahora en los metales del tribunal supremo. Dando por supuesto que la voluntad de los jueces es restaurar la justicia, lo que quiera que signifique eso, podemos especular si los altos togados actúan por sentido del deber patriótico o por pura venganza tratándose de un zascandil que se ha pitorreado de ellos y de sus resoluciones por toda Europa, y aún les hace pedorretas a la menor oportunidad. Los jueces sufren un salpullido cada vez que piensan en don Puigdemont; se la tienen jurada, como se dice en la barra del bar.…

Los cruzados de la causa