La música country, máxima expresión de la multiculturalidad, por Jaime Cristóbal

Por Jaime Cristóbal

Una de las observaciones más sagaces de la crítica de ‘Cowboy Carter’ firmada por Sebas es que se trata de un disco «rico, complejo, abierto a las interpretaciones y al debate». Estoy muy de acuerdo, y entre los múltiples debates de los últimos días (si es un disco de country o no, si la nueva ‘Jolene’ traiciona a la original, si el apropiacionismo de la bandera de EE.UU. consigue el efecto contrario, etc.) hay uno que me ha resultado especialmente interesante: la guitarrista afroamericana Yasmin Williams escribía en Twitter que «si este es el álbum que se suponía iba a reivindicar y dar a conocer las raíces negras de la música country, no ha hecho un buen trabajo. Parece más un intento de capitalizar la creciente popularidad del pop-country que de educar realmente a nadie en la historia del género», y señalaba que Beyoncé «no está tratando de mostrar el talento de los artistas country negros de una manera real, lo cual seguramente es muy decepcionante para la gente negra del country que se rompe el culo tratando de tener éxito».

El objetivo de estas líneas no es valorar esa opinión, aunque es justo reconocer que la apisonadora del capitalismo y del patriarcado tradicionalmente ha hecho que los artistas blancos se llevaran toda la gloria (y la pasta) en multitud de géneros en detrimento de cualquier minoría, y que hacer música country siendo negrx ni fue ni es fácil.

La interesante vía de debate que el comentario de Williams abre tiene que ver con ese dato ya de sobra sabido: que la música negra influyó en lo que se conoció como country and western (anteriormente música hillbilly, posteriormente abreviado a country), y que sin su influjo el género no sería lo que es. Y es interesante porque Yasmin en realidad se queda muy corta en destapar la parte más fascinante -en mi opinión- de todo este asunto: el country es el equivalente musical a un perro mil leches, y consta de elementos de continentes, culturas y razas completamente dispares. Como género musical muy reciente es un producto de su tiempo, con sus raíces plantadas en una era de colonización, de movimientos migratorios masivos y de aceleración de los medios de comunicación. Una fascinante mezcla de elementos que lo convierten en el género más radicalmente multicultural de la actualidad, y construido casi en su totalidad por inmigrantes.

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No es casualidad que los «padres y madres» de la música country proviniesen de los Apalaches. Con la llegada de los fonógrafos y el incipiente nacimiento de la industria musical, los primeros superventas de este estilo -todavía muy rural- fueron Jimmy Rodgers y la Carter Family (sí, otros Carter). Maybelle Carter sería una figura legendaria por su uso del autoharp, su técnica de fingerpicking desarrollada por ella, y hasta por ser la suegra de Johnny Cash. Jimmy Rodgers estableció el arquetipo de cantante de country que pervive hasta nuestros días, y también fue quien popularizó otro elemento musical identitario del country: el yodel, ese grito con origen en el folklore de los Alpes suizos, que trajeron a los EE.UU. inmigrantes austro-bávaros de esa parte de Europa. Otro elemento mestizo más, de impredecible origen.

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