
La batalla se dirimirá en el terreno de las políticas concretas, puesto que los problemas ignorados por el utopismo independentista aparecen ahora todos de golpe (Enric Juliana, en el epílogo de España: el pacto y la furia, 2024).
Mayoría absolutísima de nacionalistas y abertzales en el parlamento vasco: 54 escaños de 75. En Madrid suelen distinguir ambos términos por razones funcionales pero significan lo mismo aunque no sean iguales. Son la derecha y la izquierda de la misma matriz. Si acordaran una estrategia común, tendríamos un prozesu a la vasca. Pero eso no ocurrirá; lo que hace unos años era visto con razón como una amenaza ha tornado en bendición; donde había apetito de riesgo y aventura hay necesidad de certeza y seguridad. Es un fruto estabilizador del efecto Sánchez, que una vez más recupera el timón de la nave sacudida por tormentas exteriores y con la mitad del pasaje amotinado en cubierta pidiendo la cabeza del capitán. La derecha española debería revisar su estrategia, si puede calificarse así a la cacofonía de manifestaciones e iniciativas, lindantes con la histeria, que impulsan en el parlamento y en la calle. Para la mayoría del país, don Sánchez no es el problema sino la solución. Esta predicción se pondrá a prueba de nuevo en las elecciones catalanas y europeas.
La inclinación del voto hacia los partidos de casa es un signo de los tiempos.
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En tiempos de tribulación