La noción del ‘declive de Occidente’ brota del pensamiento conservador y es correlativo a la escora de las naciones hacia la derecha.
La decadencia o/y el derrumbe o/y la destrucción de la civilización occidental es un tópico de conversación que se agita cuando se registran perturbaciones en la fuerza, como diría el maestro Yoda. El tema es de larga data si se considera La decadencia de Occidente de Oswald Spengler (1918), como el inicio de esta saga de lamentos, que coincidió en fecha y no por casualidad con la promulgación de la doctrina Wilson, la cual desabrochó el corsé de las naciones europeas que formaban los imperios enfrentados en la primera guerra (1914-1918). La doctrina Wilson alude a los países europeos, que se habían martirizado unos a otros en las embarradas trincheras del Marne y deja fuera de su consideración a los países de otros continentes por entonces colonias de los imperios europeos. Pero la historia siguió y después de la segunda guerra (1939-1945) los países morenos se independizaron de las metrópolis de piel blanca.
Entonces empezó un juego conceptual destinado a definir el nuevo escenario y la situación en él de los actores recién incorporados al concierto.