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El rey. La visita de la pareja real era por completo innecesaria porque, en el más optimista de los pronósticos, interrumpiría durante unas horas las urgentes tareas de salvamento. El rey carece de competencias para hacer o instar cualquier esfuerzo adicional de los servicios de salvamento y en ese sentido su presencia vale menos que la de la vecina que intenta limpiar el barro de su casa con una escoba o se desplaza entre las ruinas para conseguir pañales o leche condensada. Pero Felipe VI está necesitado de conectar con el pueblo.
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Duelo en el barro