
Joseph Mallord William Turner, Tormenta de nieve: Buque a la altura de la embocadura de un puerto haciendo señales en aguas poco profundas y siguiendo las instrucciones (1842).
John BERGER
Turner y la barbería
Nunca ha habido un pintor igual a Turner. Y esto se debe a la cantidad de elementos diferentes que se combinan en su obra. Hay muchos motivos para pensar que es Turner, y no Dickens, Wordsworth, Walter Scott, Constable o Landseer, quien mejor representa, con su genialidad, el carácter del siglo XIX británico. Y, tal vez, esto explica el hecho de que precisamente fuera Turner el único artista importante que gozó, tanto antes como después de su muerte, de cierto renombre popular en Gran Bretaña. Hasta muy recientemente una gran parte del público sentía que de alguna manera misteriosa y callada (en el sentido de que su visión de las cosas aleja o excluye las palabras) Turner expresaba algo del variado fondo de experiencias de todos ellos.
Turner nació en 1775; su padre tenía una barbería en una callejuela del centro de Londres. Su tío era carnicero. La familia vivía a un tiro de piedra del Támesis. Turner viajó mucho a lo largo de su vida, pero en la mayoría de los temas por él escogidos se da una recurrencia continua del agua, las costas y las orillas de los ríos. Durante sus últimos años vivió, bajo el seudónimo de Captain Booth, un capitán de la marina retirado, un poco más abajo siguiendo el curso del río, en Chelsea. Durante su madurez vivió en Hammersmith y Twickenham, dos zonas de Londres también próximas al río.
Turner fue un niño prodigio y ya a los nueve años ganaba algún dinero coloreando grabados; a los catorce, entró en la Royal Academy School. A los dieciocho años ya tenía su propio estudio, y poco después su padre dejó la barbería para convertirse en el ayudante y factótum de su hijo en el estudio. La relación entre padre e hijo era obviamente muy estrecha. (La madre del pintor murió loca.)
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Turner y la barbería, por John Berger