Amaba tanto a su país y estaba tan deseosa de servir a sus paisanos que escalaba puestos en el servicio público arrastrando tras de sí sus titulaciones escolares como estela de un cometa. Era tan feliz en su empeño como una novia que se dirige a la luna de miel ajena al estrépito que produce la ristra de latas vacías que la realidad ha atado al parachoques trasero de su biografía.