El tiempo de los ogros – blog de Manuel Bear

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La vejez es la peste de los seductores, también llamados adictos al sexo. Hay literatura, incluso recreativa, en la que ilustrarse sobre este asunto. La leyenda de la condesa Erzsébet Báthory, que se bañaba en la sangre de lozanas campesinas a las que ordenaba sacrificar para recuperar la prestancia y frescura de su piel maltratada por la edad. Hoy nadie, con la posible excepción del ministro de sanidad de Trump, el Kennedy chiflado, cree que un baño en sangre humana tenga virtudes cosméticas, además de que está mal visto el asesinato con este fin. Ya lo estaba en el siglo XVI y la condesa Bathory se ocupaba de que sus sesiones de rejuvenecimiento tuvieran lugar en el secreto de su castillo. Un castillo inexpugnable y un poder inapelable sobre sus víctimas también aparecen en las febriles manipulaciones crepusculares del cantante universal. Las herméticas fincas de Punta Cana son la versión posmoderna y hedonista del castillo de Silling. Tras sus muros hay rabia por la belleza perdida, celos hacia quienes aún la poseen y violencia como lenguaje sustitutivo del amor imposible.

El tiempo de los ogros