El alambicado término izquierda de la izquierda ya alude a un espacio remoto y difuso, como esas lejanas zonas del cosmos en las que los telescopios solo detectan unos destellos y vastas zonas de sombra que, por decir algo, llamamos sin afán peyorativo agujeros negros de los que solo se sabe que ejercen una irresistible fuerza gravitatoria alrededor de la cual parecen orbitar algunas estrellas inconexas, que llaman la atención de los observadores. La energía lumínica que proyectan estos cuerpos siderales varía sin que se pueda saber qué patrón siguen estas variaciones. Sin duda, tienen que ver con la actividad interna del agujero negro, pero no hay manera de descifrarlo con los recursos intelectivos disponibles. Los observadores se limitan a poner nombre a estas luminarias, como los meteorólogos los ponen a las borrascas, a fin de seguir sus órbitas y trayectorias en la esperanza de obtener un conocimiento preciso del mecanismo que las mueve.
Ahora mismo ha aparecido Rufián, cuya luz ha inundado el espacio, acompañado de otro astro más pequeño, no sabemos si un satélite, llamado Delgado. La energía de ambos no ha conseguido opacar a otros astros de este espacio –Belarra, Díaz,Junqueras, entre otros- que no pueden considerarse estrellas nuevas porque aparecen desde tiempo atrás en el mapa galáctico, si bien no puede decirse que no estén derivando a la categoría de enanas marrones. El tiempo lo dirá. La izquierda de la izquierda es, como todo lo que conforma la realidad, ondas en elespacio-tiempo, y se expande y se contrae, y cuando se expande se dispersa y se diluye, y cuando se contrae se adensa y apelmaza.