Se puede pensar lo que se quiera de don Sánchez, y la mayoría de la opinión piensa mal, según se lee en las encuestas, pero es la clase de tipo que hace invisible al resto de jugadores en la cancha cuando él ejercita una maniobra. Es el Messi de la política. A pesar de la creencia común, el buen pueblo es mal espectador de fútbol y de política, y la razón es que asiste a ambos espectáculos cargado de prejuicios: si ganan los suyos, lo celebra, y si pierden, lo lamenta y así no hay manera de juzgar con objetividad la calidad de las jugadas.