(…) N-dR. La historia acaba así:
Hay un obstáculo atmosférico que explica esta situación. Las políticas de izquierda, siempre posibilistas, parciales y tímidas en un contexto de capitalismo global y desbocado, inquietan a los poseedores y no satisfacen a los desposeídos. La sociedad está tan fraccionada por intereses grupales, quejas sectoriales e identidades particulares, que cualquier medida general, por benéfica que sea, se ve neutralizada o desacreditada por un zumbido de opiniones reticentes. No es un debate político, y menos una conversación pública, como se dice ahora, sino un barullo de zascas y asertos derogatorios que, inevitablemente, aboca al nihilismo. Estamos a unos pasos de que la mayoría de la sociedad piense que es una buena idea tirarse desde lo alto del acantilado para darse un baño vivificador. Pero el correcaminos es un ave de tierra adentro.